CARMORVAN
Se acaba de celebrar la Cumbre energética del G-8 y como lo reseña dw- world.de., los siete países más industrializados del mundo y Rusia (G-8), acordaron un plan de acción para garantizar el suministro energético mundial, apostando por el desarrollo de centrales nucleares.
Cabe destacar como lo comenta elperiodicodemexico.com, que para Rusia el éxito es la propia cumbre y que no se haya planteado la dolorosa cuestión de si Moscú tiene derecho a formar parte del G8", afirmó Alexei Malachenko, miembro de la fundación Carnegie, en la capital rusa."Putin demostró que Rusia es un miembro de pleno derecho del G8", subrayó John Kirton, experto en el G8 de la universidad de Toronto.
Kirton destacó no haber "visto jamás una cumbre donde el presidente del país anfitrión apareciera cada tarde para hablar ante la prensa", como hizo Putin. 'Putin demostró que Rusia es un miembro de pleno derecho del G8', subrayó John Kirton.
Tras su progresiva entrada en el club de los países más ricos del planeta en una época en que Occidente quería ayudar al entonces presidente Boris Yeltsin a modernizar una vacilante economía, Rusia se ha impuesto como una potencia energética en pleno crecimiento y un interlocutor internacional indispensable.
"Rusia cumplió sus objetivos a nivel de relaciones públicas", consideró Timofei Bordachev, de la revista Rusia en la Política Global, al destacar que el semanario Economist dedicó su portada a Putin con el título "Vivir con una Rusia fuerte".
Después de intensas negociaciones, la cumbre del G-8, los siete países más industrializados y Rusia, acordaron un plan para garantizar el suministro energético mundial basado en el desarrollo de la energía atómica. La declaración, suscrita por los jefes de gobierno de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Canadá, Japón y Rusia, tuvo una consideración especial ante Alemania, país que se comprometió con el abandono de la energía nuclear. "Reconocemos que los países miembros del G-8 persiguen distintas vías para garantizar su suministro energético y contribuir a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero", se lee en la declaración.
Alemania es el único país del G-8 cuyo gobierno optó por el abandono de la energía atómica. La coalición dirigida por Angela Merkel no quiere dar marcha atrás al acuerdo pactado por su predecesor, Gerhard Schröder, cuya coalición roji-verde negoció con los grandes consorcios energéticos un abandono paulatino de la energía nuclear.
La generación de energía a través de reactores representa peligros ante los que no hay aún respuestas. Uno de ellos es la radioactividad, que puede tener consecuencias desastrosas tras un fallo en las medidas de seguridad, como se vió en Chernóbil. Otro problema son los desechos radioactivos cuya vida puede prolongarse durante miles de años. Estas razones fueron las que impulsaron en Alemania la decisión a abandonar la energía nuclear.
Se tiene el antecedente tal como lo señala dw- World.de, que Italia cerró sus centrales nucleares en la década de los 90 tras un referéndum. El resto de los países industrializados subrayaron los beneficios del desarrollo de la energía nuclear, que garantizará el suministro energético mundial sin contaminar el medio ambiente. Francia produce casi toda su electricidad en centrales atómicas. El Reino Unido prepara la construcción de nuevas plantas, mientras que Estados Unidos y Rusia fueron los grandes defensores del desarrollo de la energía atómica a nivel mundial en el encuentro de San Petersburgo
Eva Usi agrega, que en el documento de 12 páginas, los líderes del G-8 se comprometieron con la transparencia, la competencia y una inversión creciente en el sector energético. Sin embargo fuentes diplomáticas mostraron reservas de que dichos objetivos se pongan en práctica, a fin de cuentas hay dudas por que Rusia abra su gigantesco mercado energético. Moscú declinó la participación de otras empresas en su industria de hidrocarburos.
Se dice, que en cuanto al resultado global de la cumbre, el balance es más bien magro, con un consenso oficial sobre Oriente Medio y la seguridad energética, al menos en las declaraciones y resoluciones finales.
Para el diario ruso Izvestia, próximo al gobierno, "la gran decepción de la cumbre" es el fracaso de las negociaciones ruso-estadounidenses para la entrada de Rusia en la OMC.
Al final, Moscú recibió un jarro de agua fría, pues había esperado lograr la aprobación de Washington con motivo de la reunión entre Putin y el presidente estadounidense, George W. Bush.
Las negociaciones fracasaron en un tema aparentemente menor, como son los controles sanitarios de las importaciones de carne.
En cuanto a la energía, el gran tema de la cumbre, la decepción europea parece evidente, visto que no se logró ningún progreso significativo sobre la apertura del mercado ruso a la competencia.
El punto positivo, como resaltó el diario ruso de negocios Kommersant, es la declaración sobre la mejora de la seguridad energética, que promete un creciente uso de las energías reciclables y de la energía nuclear.
Según el diario económico Vedomosti, la cumbre puede destacarse "por la ausencia evidente de resultados" pero "terminó sin excesos ni escándalos".
Cabe tomar en cuenta lo que indica uce.es. , que Rusia ha utilizado su papel de anfitrión de la cumbre del G-8 para manifestar ante el mundo que ya no es un país postrado incapaz de ejercer influencia ni siquiera en el antiguo glacis soviético, sino que, por el contrario, aspira con fuerzas renovadas a un papel importante en el concierto mundial de potencias.
Los llamamientos de Putin a que Rusia ya no se somete ni tolerará injerencias extranjeras es una advertencia a EEUU, cuyos movimientos en los países resultados de la implosión soviética, desde Ucrania a las repúblicas de Asia Central, se han intensificado desde el 11-S.
Y las aspiraciones de Putin tienen crecientes bases de realidad. En primer lugar en la reestructuración y centralización de la misma estructura interna de la burguesía rusa y el Estado que Putín, a través de un régimen con formas autoritarias heredadas del KGB, ha culminado con éxito. Convirtiendo la debilidad política de hace unos años en los primeros indicios de fortaleza.
Y en segundo lugar una recuperación económica, que no es ajena a la reestructuración y centralización política, y que utiliza como carta principal los enormes recursos energéticos rusos.
Muy interesante de considerar lo que indica uce.es, que detrás de la enconada discusión sobre la seguridad energética celebrada en San Petersburgo, se esconden movimientos de fondo que amenazan con variar sustancialmente la geoestrategia energética mundial.
Para EEUU el control de la producción y distribución de la energía ha sido un pilar, y no el menos importante, de su sistema hegemónico. A través de las relaciones de dependencia sobre los principales países productores, y el control militar sobre las vías de distribución, Washington ha ejercido este papel durante décadas. Pero, como en otros aspectos de la situación internacional, la irrupción de China está incidiendo sustancialmente en el tradicional equilibrio energético favorable a EEUU.
Los movimientos de China por asegurarse un suministro energético estable –imprescindible para mantener sus niveles de crecimiento-, junto a un renacimiento ruso que utiliza su condición de superpotencia energética como carta global, o la irreductibilidad de estratégicos actores como Irán, están creando un horizonte energético cada vez más preocupante para Washington.
El último movimiento en el tablero energético constituye un buen ejemplo de esta tendencia. Dentro del marco de la OCS, Rusia e Irán alcanzaron un acuerdo por el cual el gigante ruso Gazprom –segunda empresa energética mundial tras Exon- se hacía cargo, aportando respaldo financiero y técnico, del gaseoducto Rusia-Irán-India. La unión entre Rusia –primer productor mundial de gas natural, y segundo de petróleo tras Arabia Saudita- e Irán –con las segundas reservas mundiales de petróleo y gas- supone la creación de un polo energético que controlaría el 43% del gas natural mundial (una cifra cercana al 60% si le unimos las ex repúblicas soviéticas).